HISTORIA

A finales de los años 70 y principios de los 80, la zona de las Guilleries y el Collsacabra, situada entre las comarcas catalanas de Osona, la Selva y la Garrotxa, se encontraba en el punto de mira de grandes multinacionales mineras a raíz de la publicación de unos estudios en que se evidenciaba la presencia de uranio en el subsuelo.

Estas empresas, ansiosas por obtener el máximo beneficio a costa de lo que fuera necesario, iniciaron una serie de prospecciones experimentales para determinar cuál podría ser el alcance de la explotación y empezar a perforar con maquinaria pesada.

Enseguida que corrió la voz entre los habitantes de la zona, estos se organizaron con el fin de salvar el paisaje y la naturaleza, creando movimientos populares contrarios a la destrucción del territorio. Con pocos días lograron movilizar asociaciones de vecinos y de campesinos, sindicatos, organizaciones políticas y gente de todo tipo con cientos de actos en todo el territorio. De entre estas movilizaciones, destaca una gran manifestación en Vic que reunió más de 8.000 personas y finalizó con cargas policiales con lanzamiento de pelotas de goma y porrazos hacia los concentrados. La banda sonora de este movimiento fue la canción «Torna, torna, Serrallonga», del conjunto musical Els Esquirols, especialmente creada para esta reivindicación.

Gracias a esta oposición popular -y, por qué no decirlo, también por los resultados de los estudios realizados, los cuales rebajaban las expectativas de ganancias económicas para las multinacionales-, el proyecto de extracción de material radiactivo fue abandonado y ha restado guardado en algún cajón de un gran edificio de oficinas, situado en una gran metrópoli de América … hasta hace pocas semanas.

Habiendo pasado casi cuatro décadas desde entonces, las nuevas generaciones apenas recuerdan aquella lucha por salvar el territorio del que hoy gozan, sin saber que tiempo atrás estuvo a punto de ser destruido. Por otra parte, el valor del uranio no ha hecho más que subir y subir, por lo que las grandes multinacionales mineras están volviendo a recuperar los antiguos proyectos que en su tiempo habían abandonado por falta de interés económico, obteniendo grandes beneficios en la actualidad.

En los últimos días, los habitantes de la zona han detectado movimientos que los hacen pensar que se han iniciado las pruebas a fin de reactivar el proyecto. Se teme que estén aprovechando la antigua infraestructura utilizada hace cuarenta años, que quedó abandonada en los rincones más desconocidos de la región.

El territorio vuelve a estar en peligro. Necesitamos recopilar toda la información recogida hace cuarenta años antes de que caiga en manos de quien quiere hacer un mal uso. Para hacerlo, necesitamos entrar en uno de los antiguos bunkers que parece que vuelve a estar operativo y recoger el máximo de material, informes y –lo más importante- las muestras que permitan evidenciar todas estas sospechas.

Es sabido que, debido a sus intereses -calculados en millones y millones de dólares-, estas multinacionales no se detendrán, y cualquier acción que pueda hacer peligrar sus beneficios puede conllevar una respuesta altamente violenta. Así pues, es cierto que la tarea de recoger las pruebas es una proeza de alto riesgo, pero también es indudable que debe hacerse inmediatamente. Si se llevan los resultados de las prospecciones experimentales hacia los Estados Unidos de América antes de que se hayan hecho públicas sus intenciones, cuando vuelvan a poner los pies en la zona ya será directamente con la maquinaria pesada, destruyendo nuestro territorio para siempre más.
¿Seréis valientes que entraréis en las instalaciones de estas multinacionales, recogeréis el material necesario para hacer públicas sus intenciones y conseguir así detener la barbaridad que pretenden llevar a cabo desde grandes despachos situados a miles de kilómetros de la zona?